Como me hice fotógrafa, fue un hecho anecdótico y curioso que pocas veces cuento, quizás porque no tiene importancia o no me lo preguntan. Fue en el verano del año 2000 que conocí a Luis, un fotógrafo de un diario deportivo de La República, coincidimos en una clase de ingles, idioma que por cierto no termino de entender. Siempre me pareció algo creído, alardeando de sus hazañas como fotógrafo. Recuerdo que ese día pelee con su mochila, la cual se enredó en mi silla, me miro con cara de pocos amigos. Dicen que del odio al amor hay un sólo paso, pues bueno nunca dimos ese paso, porque el tenia pareja y yo también. Pero comprendí desde ese momento que seriamos grandes amigos.
En marzo deje las clases de ingles y volví a la universidad a seguir mis cursos .Desde el colegio sabía que quería ser periodista, decían que escribía bien, algo que he comprobado no es cierto, pero los sueños, sueños son. Quería terminar la carrera y empezar a trabajar en algún diario. Para hacerlo tenía que completar créditos con cursos electivos, y pensé que fotografía periodística seria un curso interesante. Sin darme cuenta había iniciado una historia que no ha terminado hasta el día de hoy.
Tuve que acostumbrarme a ese equipo plateado con numeritos que indicaban velocidad, ISO, y diafragma, complicado para alguien que termino repitiendo matemática básica I. Admito que los números me ponen nerviosa, así como otras cosas en la vida, ni que decir de las arañas pero esa es otra historia. Entonces la cámara termino convirtiéndose en la extensión de mi mano, la llevaba a la casa, universidad y en la calle, aunque deje de hacerlo por ahí, pues me veía observada por cuanto ladrón aparecía.
De tanto darle uso al equipo esta terminó por averiarse, se imaginan novata con equipo malogrado, mi cara opto por el color blanco y gestos de espanto. La solución que rondaba mi cabecita, después de reflexivas preguntas, cuanto me costaría la más importante, fue llamar a Luis Iparraguirre. Ahora admito que fue una buena excusa para llamarlo y verlo, pero fue una excusa muy razonable.
Después de quedar como princesa desvalida quedamos en vernos en La República, tome un taxi y le pedí al chofer que vaya lo más rápido, lógicamente el viajecito me costo una buena propina que la pague con mucho gusto.
Me acerque a la ventanilla y pregunte por él, me dijeron que esperara. Quise sentarme pero en aquel entonces la salita de bienvenida de la República, consistía en un tacho de basura un masetero con dos ramas secas y una señora llamada Lola que me miraba muy sonriente, la decoración se completaba con una pared azul mal pintada y fluorescentes que emitían luz verde. Decidí esperar tranquilamente, pensando en que decirle después que arreglara mi cámara, mínimo le invitaría un almuerzo una cena o una salida al cine.
De repente sale un tipo algo gordito de cabello rizado, que me mira como gato mirando ratón. Hola que tal me dice, tu eres fotógrafa me pregunta, y le dije que no, pero me hubiera gustado decir que si, sonaba bien decir: Sí, soy fotógrafa. Entonces propone pasarme la voz si se en algún momento se abre un cupo de practicante, anímate me decía y dije porque no, total tengo 23 años no pierdo nada intentando con la cámara, quizás después de ahí pueda redactar.
Luis apareció con sus lentes horribles y su polo gris de siempre, después me entere que el gris es su color preferido.Al final mi salvador me dijo que llevara la cámara a un tal Arturo. Claro que no hubo invitación a ningún lado de mi parte, pero si una gran sonrisa de despedida.
La cámara fue arreglada y seguí haciendo mis fotos .Cada vez experimentaba mas las imágenes y me gustaba ver la cámara en mis manos, ya casi me había convertido en una experta de los numeritos, velocidad, diafragma, ISO. Le tomaba fotos a todo lo que apareciera delante mío.
Después de unos meses una llamada me pregunta si quiero ir a practicar al diario el Popular que pertenecía al diario La República, era Víctor, le dije que si claro, que podía hacerlo. Incrédula fui a la entrevista , que en realidad parecía una bienvenida porque querían que empezara ese mismo día, eso era un grave problema, porque no tenía cámara propia , así que recurrí a la ultima ayuda de mi santo padre, 400 dólares que hasta ahora le debo fueron el ultimo regalo costoso de mi papá.
Una preciosa Nikon FM10, no fue buena idea porque luego tuve que cambiarla por una mas rápida , por lo menos una que no me detenga a rebobinar el rollo mientras el preso pasa delante mío, o mientras las autoridad se daban golpes.
Luis salió a mi encuentro la primera semana de mis practicas, me dio abrazos y besos y me dijo que me cuidara de Víctor, pero nunca tuve problemas con él, mas bien le agradecí por el interés que tuve en mi para esas practicas en fotografía.
Así como jugando terminé siendo la practicante de foto de El Popular durante 6 meses, mi vida fue todo lo que había imaginado. Después de ahí me jalaron a La República donde estuve por siete años, lógicamente ahí hay mas historias que contar,pero las escribiré después.
Dicen que las casualidades no existen, yo creo que la vida es una mezcla de muchas cosas, destino, casualidad, suerte, trabajo, fe, constancia y muchas otras cosas.
Entonces sólo puedo decir, que estoy justo en el lugar donde tengo que estar.

Muy bonito, Yanina, muy bonito… Saludos… Gustavo Mallma
Muy lindo Yani. Muy emocionado, además, por lo que me toca. Gracias a la vida que me ha dado tanto, dice una vieja canción. Creo que queda acorde con tus letras. Muchos abrazos, Yanina Esther Patricio Palomino.
Que paja. Las cosas pasan por algo… eso hay que meterlo en la cabeza siempre.